
Érase una vez un árbol cansado del invierno. Era joven y atrevido, así qué mandó a sus flores comenzar a desperezarse una fría mañana de febrero. Las flores cumplieron la orden, poco a poco se fueron desperezando y abriéndose al mundo. Pero algunas tuvieron miedo, hacia frío, llovía. Entonces decidieron que esperarían al día qué saliera el sol. El árbol, qué amaba sus flores, sonrió, entendió y esperó a ese anhelado día soleado ☀️.
Deja un comentario