
La paciencia no es infinita. Se va gastando, a veces despacio y otras rápido. Es complicado convivir con otros y si hay vínculo familiar todavía más. Es cómo estar metido en un agujero oscuro del que cuesta salir o buscar puntos de encuentro.
Aunque quieras mandar todo a la mierda, no puedes. Ni tampoco ser libre. A veces ni siquiera puedes tener emociones, ni pensar, ni hablar, ya hay quién lo hace por ti y se cree con autoridad para imponer su criterio y haciéndote pequeñita.
Qué difícil hacer entender a esas personas lo equivocadas qué están, cuánta mala leche y sufrimiento se ahorraría.
Deja un comentario