
La tristeza de decir, hasta luego. De tener que dejar el paraíso. El lugar llamado «puerto de ilusión» . El lugar que siento cómo mi hogar , el lugar al que creo que he pertenecido desde siempre sin saberlo.
El lugar donde me han hecho sentirme querida y valorada.
El lugar donde están mis amigos, los pelícanos, garzas, gaviotas, marlines, mantarrayas, cangrejos, peces, sirenas y unas personas increíbles que me han regalado su amistad y su cariño, y se quedan a este lado del mar.
Me pesa el corazón y se me desgarra el alma. No me he ido aún y ya quiero volver.
No sé que me espera en mi «hogar» más allá de mis peluditos a los que añoro continuamente , de estar conmigo quizá todo fuese diferente
Porque no creo que nadie al otro lado del mar me añore, y de ser así, no lo siento . Casi un mes fuera y no siento que nadie se preocupe de si estoy bien o mal, y casi no me afecta, o a lo mejor si, pero no lo quiero reconocer porque escuece.
No tengo padre, ni madre, ni abuelos, ni familia que me quiera o me eche de menos. es como si nada ni nadie me esperara al otro lado.
Te echo de menos, pero igual no es mutuo , a estas alturas me gustaría saber pero el miedo me impide preguntar, qué somos tú y yo además de pronombres personales.
Y mi corazón se ha acostumbrado a la intensidad, al calor humano, a este mar turquesa.
Por eso no soy de aquí , ni de allá porque no sé a dónde pertenezco pero sé dónde me siento en casa. Hay dos sitios ; uno está aquí y otro en tus brazos. en los dos lugares me siento yo, feliz y en calma.
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